Para mis amigas y amigos.

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La diversidad permite se conocedores de todo, la unidad ayuda a encauzar los esfuerzos con un propósito, pero entre lo estas fuerzas hay frágil balanza.

Luís Gabriel Carrillo Navas

lunes, 7 de septiembre de 2009

Medicina capitalista contra la salud pública

Por Patrocinio Navarro
El negocio de la gripe da mucho de sí. Los laboratorios y los políticos combinados entre sí y con la Universidad producen una verdadera enfermedad social millones de veces más peligrosa que la gripe
Patrocinio Navarro | Para kaos en la Red

 

Hipócrates de Cos (siglo V a.d.C.)

Ya existen cifras sobre los beneficios de aterrar a la población.

El Mundo digital –tan poco sospechoso de izquierdismo como el Papa- calcula en 4000 millones de dólares lo que se van a embolsar

Los tipos listos de los laboratorios secundados por  políticos oportunistas, hipocondriacos, ignorantes y crédulos. Todo para combatir una gripe como la de siempre, pero menos peligrosa.

Aquí hay gato encerrado y conviene saber si está vivo, pero si no lo está, no será por la gripe. Así que abramos la puerta.                                           

Un país se sostiene en la salud de sus habitantes. Su economía, y su bienestar todo depende de este factor. Es por ello que la salud general debería ser un tema prioritario, y  toda persona  tener acceso libre y gratuito a un sistema público y diversificado de salud, igual para todos, y a los tratamientos más adecuados a su enfermedad en caso de tenerla.Esto incluye, siendo inteligentes, la necesidad de potenciar la medicina preventiva para evitar dolor, problemas laborales y gastos sociales.

No sólo sería este un planteamiento correcto, según todos los cánones, para el bienestar social, sino que mostraría un nivel de conciencia colectiva digna de elogio. Sin embargo, se ha elegido por los gobiernos el camino contrario desde hace mucho tiempo debido a las presiones de las multinacionales farmacéuticas y de los vendedores de otras multinacionales: las de tecnología médica. Así que existen en el mercado de los países ricos una enorme variedad de productos relacionados con ambas ramas de la producción supuestamente destinadas a la salud pública que engrosan los bolsillos privados de más de un espabilado.

Mientras tanto, en los países pobres mueren cientos de miles de personas por carecer de medicinas, médicos o medios para pagar los costosos remedios que se elaboran en los países ricos, donde las enfermedades tienden a aumentar y los hospitales tienen cada vez más problemas para atender la demanda de enfermos que tras meses y meses en lista de espera para ser atendidos por un especialista, sólo tienen derecho a unos pocos minutos de atención,lo que demuestra la poca responsabilidad y la mucha desvergüenza de los políticos responsables.
A esto hay que sumar la pésima calidad  de resultados  de  esta medicina alopática.  Se busca eliminar el síntoma o aplicar la cirugía, la radioterapia y otras técnicas agresivas cuando dejan de ser eficaces los remedios externos que nunca curan la causa, porque su modo de obrar consiste en ignorarla y abordar los efectos, ya que es en estos donde está el negocio.

La doctora Ghislaine Lanctôt ,a la que tras 27 años de ejercer la medicina el colegio médico le ha retirado la licencia por la publicación de su libro “La mafia médica” (Ed. Vesica Piscis), afirma en una entrevista publicada en DISCOVERY DSALUD: “ Es el dinero quien controla totalmente la medicina. Y lo único que de verdad interesa a quienes manejan este negocio es ganar dinero. ¿Y cómo ganar más? Pues haciendo que la gente esté enferma…porque las personas sanas no generan ingresos. La estrategia consiste, en suma, en tener enfermos crónicos que tengan que consumir todo tipo de productos paliativos, es decir, para tratar sólo síntomas; medicamentos para aliviar el dolor, bajar la fiebre, disminuir la inflamación…pero nunca fármacos que puedan resolver una dolencia. Eso no es rentable, eso no interesa”.

En este mal proceso los tratamientos sintomáticos con medicinas químicas van dejando su secuela de efectos secundarios a los enfermos a los que añaden nuevos desequilibrios y alteraciones orgánicas que agravan la enfermedad primera. Pero todo esto es útil para los vampiros de las industrias médico-farmacéuticas, que se frotan los colmillos con cada nuevo síntoma.

Nos hallamos sumidos globalmente en un proceso anticivilizador, también en el campo médico, contrario a los intereses y necesidades de la mayoría de las poblaciones del mundo y a las ciencias de la vida relacionadas con lo natural, lo biológico y lo espiritual, pues la medicina se ha deshumanizado hasta convertir al enfermo en parte necesaria del engranaje producción industrial-consumo, donde el enfermo es un sujeto pasivo  que tiene que estar ahí para consumir lo que debe ser consumido. ¿Comprenden esto en todo su alcance? Esta monstruosidad de planteamiento hace posible cualquier tipo de crímenes de los que los médicos son la correa de transmisión de las grandes corporaciones farmaceuticas.  Así es fácil imaginar la posibilidad de que esas mismas corporaciones sean capaces de infectar de virus a poblaciones enteras como ya se hizo con el dengue en algunos países de América, y crear enfermedades para las que previamente ya se ha investigado y se dispone del fármaco que se venderá a precio alto por la alta demanda que puede tener, por ejemplo creando una pandemia. Hay muchas posibilidades de que el virus de la gripe de todos los años haya sido modificado en laboratorio y puesto en circulación para poder vender los tamiflús de turno. Y obsérvese al respecto, qué casualidad, la vinculaciónde determinados políticos con determinadas multinacionales farmacéuticas que fabrican las vacunas. Así que algo huele mal en el campo médico-sanitario hasta el punto que hasta la misma OMS ha dejado de ser de fiar hace tiempo  por su dependencia económica  progresiva  de    las multinaciomnales  del ramo.  Vemos en  esta alarma social provocada  un doble objeto: enriquecerse unos y meter miedo en el cuerpo a otros, porque el miedo paraliza siempre y especialmente en tiempos de grave crisis económica, que también es casual que coincidan justo ahora ¿no creen?

En un mundo civilizado, y por tanto, distinto, una medicina social, libre, diversificada y gratuita abordaría el tema de la enfermedad con una pluralidad de tratamientos naturales, tendría carácter preventivo, holístico, integrador y espiritual, pues es sabido –hasta por médicos convencionales-que todos los males nacen de la “mala digestión” corporal de pensamientos, sentimientos, palabras y actos negativos contrarios a la propia naturaleza que no se corrigen a tiempo en el alma   y acaban por afectar al cuerpo físico. Odio, rencor, celos, envidia,  desprecio, heridas emocionales que no se curan, agresividad, stress, miedo, ambición, y fanatismo, he aquí el nombre de algunos “virus” espirituales cargados de energía negativa que alteran el sistema nervioso y finalmente el funcionamiento todo del organismo. Unidos a la alimentación incorrecta con carnes y drogas como el abuso del alcohol, el tabaco y otras van socavando poco la salud    del mismo modo que el mar golpea los acantilados, hasta erosionarla igual que el mar erosiona la roca.

No hay mal, pues, que no provenga del pensamiento incontrolado por uno mismo, y esto es lo primero a sanar. Para ello es preciso disponer de información correcta que facilite una buena salud física, mental y emocional y prevenga enfermedades… Trabajar de dentro hacia fuera, de la causa hacia el síntoma para que el remedio que sea más efectivo para el cuerpo, es el método correcto; pero es justo lo contrario que practica la medicina alopática oficial que trabaja sólo síntomas y no causas profundas. Por tanto, las ruedas de enfermos nunca cesan de dar vueltas alrededor de los hospitales, que es justo lo que se quiere conseguir.

La doctora Lanctôt afirma en la citada entrevista: “El llamado sistema sanitario es en realidad un sistema de enfermedad. Se practica una medicina de la enfermedad y no de la salud. Una medicina que sólo reconoce la existencia del cuerpo físico y no tiene en cuenta ni el espíritu, ni la mente, ni las emociones... Se trata de un sistema que mantiene al paciente en la ignorancia y la dependencia y al que se estimula para que consuma fármacos de todo tipo”.

El capitalismo es un sistema de producción de muy variados objetos que no pueden dejar de salir al mercado Y NECESITAN ser vendidos. Al Sistema le da igual que el objeto se llame penicilina o bomba de racimo. Pero para que estas cosas sean negocio hay que conducir a la gente a la situación precisa para su demanda. Si tiene salud, se le enferma. Si tiene paz se le inventa una guerra. El caso es dar salida a los productos. Así funciona el capitalismo.

Por ello es congruente con la práctica médica la supresión del síntoma,un“chivato”,un simple indicador externo de que algo va mal y en vez de buscar la causa profunda que lo hace aparecer, pero que no es negocio, los médicos se dedican a anular casi siempre el síntoma, que sí produce beneficios previamente calculados los efectos secundarios previsibles que habrá que tratar después.

Creen algunos médicos de buena fe, en su ignorancia profesional de diseño por las universidades, que desaparecido el síntoma desaparece la enfermedad, con lo cual no hacen másque privar al organismo de su capacidad de expresar su malestar e iniciar su propio proceso para sanar,- al que habría que ayudar y eso sería todo,- y por eso es tan difícil ir hacia las causas y controlar el proceso. Por tanto, cada vez hay más enfermos y enfermedades y es ya de la mayor urgencia una atención a la salud emocional así como la puesta en marcha de una política de medicina preventiva generalizada. Pero esto iría contra el sistema capitalista, que necesita enfermos para consumir productos del mismo modo que necesita guerras para eliminar stocks de armamento.

La medicina preventiva sería una filosofía de los gobiernos para ahorrar recursos y favorecer la salud pública. Parece lógico, universalmente útil y saludable pero ¿dónde se hallan estas cualidades en el capitalismo?

Si algo se tiene claro en los laboratorios farmacéuticos es que su objetivo no esfilantrópico ni holístico. En cuanto a lo primero, sólo tenemos que ver cómo dejan fuera del alcance de los bolsillos de los pobres del mundo con su política de patentes y precios la adquisición de medicinas que podrían salvar la vida o hacerla llevadera a millones de personas, como sucede en continentes enteros como África.. Y en cuanto a lo segundo, tanto les da que el enfermo sane del riñón, por ejemplo, aunque se destroce el estómago con tal de que su producto se venda. Y no entro en el tema de las indecentes investigaciones y sangrientos experimentos con animales a los que someten a torturas increíbles con la excusa de investigar para mejorar nuestra calidad de vida a la que confunden con la calidad de sus cuentas corrientes.

Y esto va para largo. Está muy lejos de suceder que las medicinas alternativas se incluyan en la seguridad social, que se ha convertido en rehén de las industrias relacionadas con la salud: det oda clase de tecnologías y toda clase de preparados químicos por los todopoderosos laboratorios, cuya influencia sobre gobiernos y personal facultativo es enorme a la hora de recomendar productos, fijar precios siempre exagerados y desarrollar preparados, muchos de los cuales no han sido ni siquiera suficientemente experimentados, y a menudo enferman más que sanan. No es fácil tomar un preparado farmacéutico cuando se ha leído el prospecto, y eso que barre para casa minimizando lo negativo.

Aunque los médicos que trabajan dentro del Sistema emplean a veces el término de “enfermedad psicosomática”, luego actúan como organicistas puros y duros yse desentienden de las causas. Así que no se corrigen ahí donde germinan y, acaban siempre por aflorar al cuerpo.

Remedios para sanar y otros despreciados por el Sistema

La medicina natural y las llamadas alternativas (mucho más baratas y de remedios más eficaces en su mayoría) deberían estar incluidas en la sanidad pública aunque sólo fuese porque existe una demanda cada vez mayor a medida que aumenta el descrédito de la medicina convencional.
Hoy día tienen que pagarse los enfermos sus remedios alternativos además de pagar sus cuotas a la seguridad social porque esta no reconoce a la medicina alternativa. (Y aquí tiene que ver mucho ahora la presión añadida de los colegios médicos, fieles colaboradores del Sistema).Así que, para cualquier enfermo, renunciar a los tratamientos agresivos de la medicina oficial es un lujo caro…que fácilmente puede acabar con nosotros en un quirófano. Negocio redondo donde los haya...

No quiere esto decir que las medicinas alternativas sean mágicas, pero si se saben combinar adecuadamente entre sí y el enfermo está decidido a tomar parte activa en su curación, las posibilidades se multiplican.

Para muchos son desconocidos términos como Flores de Bach, homeopatía, medicina naturista, acupuntura, osteopatía, hidroterapia, imposición de manos, reflexoterapia, medicina biomagnética basada en la mecánica cuántica, el Ayurveda hindú, y otras técnicas de orientación holística y energética con la ayuda psicológica correspondiente de orientación espiritual, según las inclinaciones y modo de pensar de cada cual. Estas diversas ramas terapéuticas se han revelado como excelentes auxiliares, correctamente interconectadas, para ayudar a sanar. Pero no hay sanación que no pase por la cura de las emociones negativas que dieron origen a la enfermedad.

Especialmente la dieta correcta sin carnes de animales de cualquier condición, la meditación, la oración de corazón, según creencias, los pensamientos positivos altruistas hacia la humanidad, las actividades físicas, el buen ambiente de compañerismo en los trabajos, los horarios laborales no sólo justos, sino ajustados a las condiciones de trabajo,y la medida correcta de esfuerzo de cada uno para el organismo y la mente, el respeto de las leyes de la naturaleza y las leyes que uno tenga por sagradas, el cotidiano revisar de las energías negativas que minan la salud y el cambio de actitud consecuente;, el encontrar en la vida una finalidad satisfactoria, o una pareja adecuada para vivir en armonía y favorecer el crecimiento recíproco....Todos estos elementos y otros muchos de tipo positivo son claramente fuentes de salud que previenen enfermedades tanto como ayudan a curarlas. Así se podrían evitar tantas de esas crisis que la medicina oficial no sabe ni quiere atajar a lo largo de su proceso de gestación y desarrollo, teniendo que intervenir al final el bisturí y los tratamientos dolorosos y paliativos de aquello que no se pudo evitar, los internamientos hospitalarios y medicinas agresivas con todos sus riesgos, etc. Pero no esperen del capitalismo que vaya a favorecer cualquiera de estos aspectos que ayudan a sanar. Al contrario.

El diagnóstico por el iris,  la kinesiología, o el análisis por el método de la gota de sangre, por ejemplo, son excelentes modos de diagnóstico que ahorrarían mucho tiempo y dinero si fuera eso lo que se pretendiera. Pero no lo es. Se prefieren costosos aparatos y técnicas de laboratorio. Ante todo, el negocio, aunque sea a costa de la salud y del ahorro social. Y claro está que la medicina natural y todos estos remedios que se apuntan para que la medicina alopática no sea un monopolio en los sistemas públicos de salud, tienen un defecto para los codiciosos: son baratos.Por tanto, no se consideran de interés público preferente ni de lejos. Así de sencillo. Por estos motivos, es claro que: Se precisa información sanitaria amplia y veraz.

La mayor parte de nosotros tenemos un problema de información.

A menudo- qué curioso-no sabemos siquiera que existan aquellos remedios menos costosos y menos arriesgados. Y si lo sabemos, desconfiamos. Esa desconfianza está programada. Se encarga muy bien el Sistema de fomentarla. Estos son sus métodos: ningunear, ignorar, desacreditar o perseguir directamente a sanadores, médicos holísticos o prohibir remedios de las diversas medicinas alternativas, a menudo mucho menos peligrosos que los que se vendenen farmacias con todas las bendiciones del Ministerio de Sanidad o de la inmoral OMS. Hasta qué punto es palpable este proceso, que en una carta abierta dirigida a la presidencia de la OMS, el defensor de los derechos de los consumidores y ex candidato a la presidencia de EEUU, Ralph Nader afirma que “Muchas personas están preocupadas por el hecho de que la OMS haya aceptado que un puñado de grandes empresas farmacéuticas ejerzan una influencia indebida sobre sus programas(…) La OMS redujo su tradicional papel de promoción del uso de medicamentos genéricos en los países pobres”.

La universidad necesita un cambio profundo.

Los jóvenes médicos deberían tener una formación holística, y acceso fácil al aprendizaje de técnicas que pudieran mejorar la salud, para complementar con los conocimientos anatómicos y fisiológicos, así como disponer de los medios necesarios para formarse profesionalmente en un sentido amplio y con una mente abierta para aprender y experimentar diversas técnicas alternativas. Pero eso pondría en peligro inmediatamente los intereses de muchos sectores docentes, además de los médicos, farmacéuticos, químicos, industriales, etc. Por eso es tan difícil que la universidad deje de fabricar organicistas que sean abiertos a la hora de aceptar criterios holísticos, y, de paso, impide que muchos enfermos puedan curar. Miel sobre hojuelas. Su filosofía profesional parte de que el enfermo es una máquina orgánica fragmentada en partes y cada una , a su vez, aislada en múltiples sentidos de la propia existencia emocional, laboral, espiritual, social, etc. del enfermo. Y esa máquina, cual burbuja blindada en medio del cosmos, con cuya energía no se reconoce relación alguna, enferma por fragmentos y por eso debe ser tratada por especialistas en fragmentos cuya relación entre sí no se toma en cuenta de ordinario para no invadir el terreno de otro especialista. Tal es el despropósito de esta llamada Ciencia Médica a la que su mentor principal, Hipócrates, de un modo más humilde titulaba Arte Médico. 

De nuevo nos encontramos con que el nivel de conciencia de los pueblos no está lo suficientemente maduro para exigir el tipo de medicina que se precisaría para ayudar a mantenernos sanos. Ahora bien, una cosa es segura: no esperemos que nos vayan a contar en los centros de enseñanza, en las universidades, en los medios de comunicación oficiales, en las consultas médicas o en los propios hospitales cómo avanzar en esa dirección.

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